a journal of the international council of
philosophical inquiry with children
Julio Santiago Cubillos Bernal
Resumen
En este artículo tratamos de responder a las siguientes preguntas ¿Qué es
la filosofía? ¿Qué entiendo yo por
filosofía y cuál debe ser su papel en nuestro tiempo? ¿Se puede enseñar la
filosofía? y si es así ¿Cómo hacerlo? ¿Qué es la actitud filosófica? ¿Realmente
existe algo a lo que le podemos llamar actitud filosófica? Consideramos que el
mejor ambiente para enseñar y aprender la filosofía es el creado por la
pedagogía de
El grupo de Investigación en Educación y Filosofía se encuentra en la
construcción del concepto de actitud filosófica. Se tiene actitud filosófica
cuando se está capacitado para trabajar en grupo porque se acepta que es en una
comunidad de indagación donde se construye el conocimiento en un diálogo
abierto y participativo entre el profesor y los educandos, donde hay una
capacidad de escucha y se argumenta con razones porque se tiene un pensamiento
reflexivo. Alguien con actitud filosófica
es tolerante, autocorrectivo, construye con los otros el conocimiento,
no se considera el poseedor de la verdad, es solidario y comparte con sus
compañeros y el profesor sus ideas.
Palabras clave
Filosofía para niños – actitud filosófica – comunidad de indagación
1. Introducción
Con un título similar al de este artículo dicté una conferencia en el ciclo
“Jueves de Filosofía”[1],
organizado por
Intentemos algunas respuestas. La pregunta ¿Qué es
¿Que entiendo yo por filosofía? y ¿Cuál debe ser su papel en nuestro tiempo?
Para responder a estas peguntas me remontaré a los comienzos del filosofar en
la antigua Grecia con el objeto de distinguir las dos maneras de hacer
filosofía, concretamente las dos maneras de hacer metafísica u ontología de sus
filósofos.
Como todos sabemos la reflexión filosófica se inicia con los presocráticos
y son ellos quienes contestan a la pregunta por lo que subyace a pesar del
cambio, a la pregunta por el ser de las cosas. La pregunta por el Hypokeímenon,
(Lo que subyace). Sus respuestas fueron muy variadas, Tales responde que eso
que subyace es el agua, Heráclito responde que es el fuego, Empédocles
identifica a los cuatro elementos, Demócrito a los átomos, etc. Sin embargo,
quien inaugura una respuesta diferente a la de los anteriores es Parménides
quien señala al ser como lo que subyace a pesar del cambio. A partir de esta
reflexión se inaugura una nueva manera de hacer metafísica que va a ser la de
los filósofos socráticos: Sócrates, Platón, Aristóteles y sus continuadores.
¿En que se diferencian estas dos maneras de hacer metafísica?
Para los presocráticos como Tales, Heráclito, Empédocles y Demócrito lo que
subyace a la base de todo lo real es uno o varios elementos que están en
permanente cambio, identifican un ser en movimiento, es un ser que se
transforma en un permanente ciclo en el cual todo vuelve a la materia
primigenia. Esta forma de hacer metafísica es en cierta manera la forma como
las ciencias actuales hacen metafísica u ontología. Cuando las ciencias se
preguntan por el ser de las cosas y contestan que es la materia, la cual está
compuesta por átomos y moléculas que están en permanente transformación a
través del tiempo, las ciencias hacen metafísica u ontología.
La otra forma de hacer metafísica es la socrática y que en cierta forma
inaugura Parménides al identificar al ser como lo que subyace, pero este ser a
diferencia del de los presocráticos y el de las ciencias es un ser inmóvil, son
esencias permanentes. Para Platón el ser son las ideas modelos de todas las
cosas, con Aristóteles es la sustancia como unidad de materia y forma. Con esta
forma de hacer metafísica no es posible pensar la evolución de las especies.
Los modelos de todas las cosas ya están dados y son siempre los mismos. Esta
forma de hacer metafísica no es la forma de hacer metafísica de las ciencias
actuales. Y contra esta forma de hacer metafísica se han ido los que creen no
hacer metafísica, por ejemplo los científicos.
Es posible que lo que acabo de afirmar no lo acepten los científicos, pues
ellos creen firmemente que por ningún motivo hacen metafísica u ontología. Sin
embargo, el filósofo Friedrich Nietzsche demostró en diversos escritos el
porque los seres humanos y en general los seres vivos estamos condenados a
hacer metafísica. Para soportar el permanente cambio de la realidad necesitamos
actuar “como si” la realidad la pudiéramos detener. Y la primera forma de
hacerlo es con el lenguaje al nombrar las cosas. Las ciencias buscan determinar
las constantes y leyes que rigen los fenómenos. Al ser humano le pasa como a
los cucarrones que según los físicos por su estructura y pequeñas alas no
deberían volar pero como los cucarrones no lo saben, ¡vuelan! La realidad no se
puede detener sin embargo el ser humana actúa como si estuviera detenida.
Aquí vienen mis respuestas al segundo grupo de preguntas. ¿Qué entiendo yo
por filosofía y cual debe ser su papel en nuestro tiempo? Para mí la filosofía
es un saber de lo general que busca enseñar a pensar y a encontrarle sentido a
la existencia humana desde los campos de la ética, la estética, la ontología,
la gnoseología, la epistemología, la lógica y la axiología. Los seres humanos tenemos un poder que no
hemos sabido aprovechar, el poder de crear realidad. El papel de los filósofos
y de todo intelectual es proponer hermosas utopías que al intentar realizarlas
hagan más feliz y agradable la existencia de la humanidad. Son utopías no por
que no se puedan realizar sino porque al proponerlas todavía no existen pero en
la medida en que sean bien formuladas y creíbles empiezan a existir, se tienden
a realizar. Cuando no hay utopías se cae en el nihilismo. El ser humano a
diferencia de los demás animales se crea así mismo, su programa más que
genético es cultural. Es un ser cultural en permanente construcción y
reconstrucción.
2.
Sigamos respondiendo las otras preguntas: ¿Se puede enseñar la filosofía? y
si es así ¿Cómo hacerlo? Antes de contestar a estas preguntas establezcamos
cual sería el mejor ambiente para enseñar y aprender cualquier disciplina.
Considero que
Cuando Piaget investiga las raíces teóricas de
Al analizar el desarrollo de
Los pedagogos modernos clásicos, antecesores e inspiradores de
Con Kant, (1724 – 1804), se inaugura el segundo momento cuando surge
propiamente
En este segundo momento podemos distinguir dos corrientes en
MOMENTOS DE DESARROLLO DE
|
|
Primer Momento |
Segundo Momento |
|
Tercer Momento |
|
Momen-tos |
ANTECESORES DE (Siglo XVIII) |
ESCUELA ACTIVA |
(Siglos XIX y
comienzos del
XX)
|
KANT (1724 – 1804) |
NUEVA ó |
LOS CONTINUADORES DE (Siglo XX y XXI) |
||
|
Representantes |
Pedagogos Modernos Clásicos ROUSSEAU (1712- 1778)
PESTALOZZI (1746 –1827) |
Pedagogos Activos Experimenta- les BINET LAY HERBART(1776-1841) BUYSÉ DECROLY (1871-1932) CLAPAREDE |
Pedagogos Activos Experienciales JAMES (1842-1910) DEWEY (1859-1952) FERRIÈRE, (1879-1960), KERSCHESTEIN-ER TAGORE MONTESSORI (1870-1952) |
PIAGET (1896-1975) WALLON FREINET (1896-1966) MATTHEW LIPMAN |
|
Teoría |
Conocer es representarse. |
Conocer es investigar, interrogar, formular hipótesis. |
Además de investigar, Comprender, experimentar en la vivencia |
Hay una correlación entre sujeto y objeto. (Husserl) |
|
Psicolo- Gía |
Racional |
Experimental |
|
Genética Cognitiva |
|
EN COLOM-BIA |
|
Pestalozzi (1848), (1870) (1886-1930). |
AGUSTÍN NIETO Montessori (1914) Decroly Parkhurst |
Dewey (1935) Piaget (1960) Matthew Lipman (1990) |
James, Tolstoi y Tagore. Ocupan un punto intermedio entre estas dos
tendencias: Decroly, Montessori y Claparède.
John Dewey, (1859-1952) ha sido la personalidad más representativa de la
filosofía y pedagogía norteamericanas y muchas de las modificaciones de la
educación nueva son adaptaciones o modificaciones de la pedagogía Deweyana. Ningún
filósofo contemporáneo ha ejercido tanta influencia sobre el pensamiento, la
cultura, la usanza política y,
especialmente, sobre la praxis educativa mundial, como
el norteamericano Dewey, quien
además de haber sido pedagogo y psicólogo, es considerado por algunos el más
influyente de los filósofos norteamericanos, que junto con Charles Peirce,
William James y George Mead, uno de los pioneros del Pragmatismo.
Según Lorenzo Luzuriaga “Los ensayos y experiencia de muchos pedagogos
contemporáneos: Kerschensteiner (Escuela del trabajo), Claparéde (Pedagogía
funcional), Coussinet (trabajo colectivo libre), Ferrière (escuela activa),
Decroly (centros de interés), Kilpatrick (método de proyectos), etc., han sido
sensiblemente influenciados por la concepción y la actuación educativas del
pedagogo norteamericano”[3]. Se puede decir según lo anterior que John
Dewey es el principal progenitor de la “Escuela Activa”.
Al igual que Decroly, Dewey no fue sólo un pensador de la pedagogía; creó
una escuela especial –el colegio laboratorio- anexa a
Mientras en Europa, a finales del
siglo XIX y comienzos del siglo XX, la pedagogía activa se difundía, en Colombia,
la pedagogía de Pestalozzi seguía vigente. Este pedagogo tuvo influencia, en nuestro país, durante gran
parte del siglo XIX y los primeros treinta años del siglo XX y es posible que
en pleno siglo XXI, todavía algunos maestros sean pestalocianos. Esta pude ser una de las razones por las
cuales nos hemos demorado en pensar por nosotros mismos para alcanzar la
mayoría de edad y ser un país realmente democrático. Esto último sería un buen
tema de investigación.
Pese a lo anterior el pedagogo colombiano Agustín Nieto Caballero,
intelectual destacado que marcó un hito en las prácticas pedagógicas y
culturales, impulsó por primera vez
En la obra pedagógica de Agustín Nieto se pueden distinguir dos periodos. En
un primer periodo, (1914 –1932), se presenta una fuerte influencia de las
teorías pedagógicas y educativas de Montessori, Decroly y Helen Parkhurst. En
este periodo la teoría pedagógica y educativa de John Dewey no tiene el peso
suficiente que nos permita afirmar que Agustín Nieto, en dicho periodo, es un
pedagogo activo experiencial.
Cuando Agustín Nieto tomó la decisión de fundar el colegio Gimnasio
Moderno con la orientación pedagógica de
La filiación política liberal de Agustín Nieto Caballero, unido al hecho
de que dicho partido recupera el poder en 1930, le permite una mayor libertad
para exponer y llevar a la práctica el pensamiento educativo y pedagógico de
John Dewey. Esta fecha marca el inicio de un segundo periodo en su obra,
(1932- 1973). Aparecen entonces, en el pensamiento de Nieto la
reconceptualización de conceptos como: centros de interés, activo, carácter
social de la educación y abandono del primado de lo sicobiológico en el proceso
educativo. Esto permitiría pensar que en él se produce un proceso de
apropiación de la obra de John Dewey al punto que ésta desplazó la teoría de
Decroly, lo cual no significa un abandono total de la misma en tanto siguen
teniendo presencia algunos elementos del decrolysmo, del montessorismo y del
Plan Dalton, en su obra y en la organización pedagógica del Gimnasio
Moderno.
El tercer momento de
En este último momento ubico la propuesta pedagógica del filósofo
norteamericano Matthew Lipman. Este autor con su Programa de Filosofía para
Niños recoge la tradición pedagógica de
Uno de los planteamientos que Lipman retoma de John Dewey es la necesidad
de que los educandos piensen los problemas que tuvieron que resolver los
científicos antes de aprender las soluciones a los mismos memorizando los
resultados. Y así afirma: “Dewey llegó al convencimiento de que la educación
había fracasado porque ésta ha sido la responsable de un tremendo error
categórico: confundir los refinados, acabados productos finales de una
investigación con la cruda materia prima de ésta, fomentando que los
estudiantes aprendan las soluciones más que a investigar los problemas
implicándose en un proceso indagativo por sí mismos. De la misma forma en que
los científicos aplican el método científico a la exploración de las
situaciones problemáticas, los estudiantes deberían hacer lo propio si quieren
aprender a pensar por sí mismos. En
lugar de eso les pedimos que estudien los resultados de lo que los
científicos han estudiado; rechazamos el proceso y nos fijamos en el producto.
Cuando no se exploran los problemas directamente de primera mano, no se genera
interés ni motivación y lo que seguimos llamando educación es en el fondo una
payasada y una burla. Dewey no tuvo nunca duda alguna sobre el necesario
acontecer del pensamiento en el aula —un pensamiento independiente,
imaginativo, rico. La ruta que é1 trazó— y algunos de sus seguidores le
acompañaron— indica que el proceso educativo ha de tomar su modelo de los
procesos de la investigación científica”[4].
3. El Programa de Filosofía para Niños de Matthew Lipman
Retomemos las preguntas formuladas al comienzo del anterior apartado: ¿Se
puede enseñar la filosofía? y si es así ¿Cómo hacerlo? Kant plantea en la
introducción a “
En Estados Unidos a finales de la década del sesenta el profesor Matthew
Lipman creó el Programa de Filosofía para Niños. Entonces surge la pregunta:
¿Cómo enseñar filosofía a los niños? Lipman es consciente que la filosofía
desde sus inicios en el siglo VI antes de Cristo, estuvo reservada al mundo adulto, o mejor
aún, a una minoría selecta de adultos. Sin embargo, para Lipman es menester
poner la filosofía al alcance de los niños. ¿Pero cómo? Más que enseñarles filosofía, se trata de
hacer filosofía con ellos. Lipman los ayuda a “pensar filosóficamente”
entregándoles la filosofía en un contexto narrativo - desprovisto de
terminología especializada - en donde se cuenta el cuento de los pensadores
que propusieron diferentes teorías o problemas sin mencionar sus nombres. Trabaja
con novelas filosóficas para niños, cuyos personajes son niños de la misma
edad de los estudiantes, lo que permite una identificación facilitadora de la reflexión infantil sobre temas
estrechamente vinculados a su experiencia cotidiana. Las ideas de los
filósofos están presentes en los diálogos de los niños, ellas les ayudan a que
piensen por sí mismos, en ciertos temas interesantes, sin la presión inútil de
memorizar contenidos que no tienen significación alguna para ellos.
Filosofía para Niños es una propuesta educativa que brinda a los niños instrumentos
adecuados en el momento que comienzan a interrogarse acerca del mundo y de su
inserción en él. Es un programa sistemático y progresivo especialmente
diseñado para niños y adolescentes desde los 3 hasta los 18 años.
“A partir de temas tradicionales de la historia de la filosofía y mediante
un conjunto de pautas metodológicas, cuidadosamente planificadas y
experimentadas, que rescatan la curiosidad y el asombro de los niños y las
niñas, se propone estimular y desarrollar el pensamiento complejo del otro en
el seno de una comunidad de indagación. En esta comunidad, en la que sus
miembros trabajan para ser capaces de entender en el punto de vista de los
demás y se esfuerzan solidariamente por descubrir el sentido del mundo y de la
sociedad en la que viven es donde se lleva a cabo el programa”[5].
4.
El presupuesto pedagógico fundamental en que se basa el programa de
Filosofía para Niños, (FpN) es la idea de que el aula de clase debe llegar a
constituirse en una comunidad de indagación. Pero, ¿qué es eso de una
comunidad de indagación? El concepto se remonta a las ideas del pragmatismo
americano, y especialmente a las filosofías de Charles S. Peirce y John
Dewey.
Para Ann Margaret Sharp la comunidad de indagación: es una forma de
reunión basada en la solidaridad, no sólo intelectual, donde los miembros se
reconocen unos a otros como personas y tratan de no perder el contacto unos
con otros en tanto seres humanos. Se trata de hacer filosofía con rostros
humanos y, al mismo tiempo, tener el coraje que esa comunidad engendra para
desarrollar la investigación.
¿Cómo distinguir que se tiene una comunidad de indagación?
1. Una primera distinción esencial para entender en qué consiste el
trabajo de una comunidad de indagación es que no se trata de discutir
propiamente, es decir, de enfrentar mis ideas con las de otros para llegar a
saber finalmente, quién tiene la razón. Se trata, más bien, de dialogar, es
decir, de dejarnos llevar por la propia exploración de las ideas hasta elaborar
nuevas comprensiones de las cosas. No
se trata de ganar una discusión, de mostrar a otro que tengo la razón, sino de
cultivar un comportamiento razonable.
2. Una segunda distinción: no se trata de probar nada. Esta aclaración es
importante porque no necesariamente la comunidad de indagación filosófica se
debe ver según el modelo de la comunidad científica, en la cual hay formas
reconocidas de establecer una determinada proposición como verdadera. La
comunidad de indagación filosófica se basa, más que en unos procedimientos
reconocidos por todos para alcanzar un conocimiento verdadero, en el supuesto
fundamental de que todos aquellos que la conforman están comprometidos en una
búsqueda común y que cada uno de ellos es una persona en condiciones de emprender
una búsqueda razonable.
Si pretendemos que los niños y los jóvenes puedan comprometerse en una
búsqueda filosófica, es necesario que reconozcamos como punto de partida su
capacidad para pensar por sí mismos.
3. Una comunidad de indagación es el lugar donde se ofrecen argumentos, se
examinan razones, se ponen en juego diversos puntos de vista y se examina
hasta qué punto es razonable cada uno de dichos puntos de vista, etc.; en
síntesis, es una comunidad argumentativa.
¿Qué veríamos observando una comunidad de indagación en acción? Los
estudiantes de una comunidad de indagación se comunican y se comportan
democráticamente. Se organizan en mesas redondas o pequeños grupos. Otros miembros, como los
padres de familia, entran a ser parte de la comunidad aportando
experiencia. Los participantes de la
comunidad tienen la predisposición a construir, formar o modificar
recíprocamente sus ideas, manteniendo un centro de atención unificado y
dispuestos a seguir el hilo de la indagación hasta sus últimas consecuencias. Las
respuestas, preguntas, hipótesis, reflexiones y explicaciones formuladas por
ellos, tendrán la naturaleza de final abierto de la indagación.
5.
El grupo de Investigación en Educación y Filosofía ha venido reflexionando
hace varios años sobre la enseñanza de la filosofía en general y en particular
en
Siendo consecuentes con nuestro pensamiento de que el ser humano necesita
darle sentido a su existencia, de utopías que lo impulsen hacia adelante y
estimulen la vida y que además, el ser humano tiene un poder que debe saber
aprovechar: el poder de crear realidad, el grupo de Investigación en Educación
y Filosofía se ha atrevido a lanzar su propia utopía, no por que no se pueda
realizar, sino porque está por realizarse. Inicialmente es sólo una consigna: El
objeto de la educación debe ser formar la actitud filosófica. Es por esto que
en este momento nos encontramos en la tarea de construir el concepto de
actitud filosófica.
Retomamos la propuesta pedagógica de Kant de buscar en el proceso
educativo que los educandos adquieran la mayoría de edad al aprender a pensar
por si mismos. Sabemos que el ser humano es esencialmente un ser cultural y
que gracias a la cultura nos constituimos en seres humanos. Uno de los papeles
fundamentales del proceso educativo es conservar y divulgar nuestras
tradiciones culturales, sin embargo el proceso educativo debe también
posibilitar la renovación, el cambio hacia algo mejor que haga al ser humano
más feliz. Creemos que una de las formas para alcanzar este último propósito
es cambiar las reglas de juego del salón de clase. Este cambio de las reglas
de juego en el salón de clase debe permitir que los educandos piensen por si
mismos, es decir que puedan disentir de lo que están aprendiendo no por capricho
sino con suficientes argumentos lógicos que permitan sustentar dicha posición.
Pensar por sí mismos es una actitud o disposición que se puede cultivar a
través de habilidades o destrezas en la organización y claridad del
pensamiento. Todo filósofo, reconocido como tal, tiene una actitud filosófica.
Algunos la tematizan, hablan de ella abiertamente, otros apenas la dejan
entrever.
Nuestro concepto de Actitud Filosófica parte del supuesto que es posible
enseñar a pensar en la escuela. Este
“enseñar a pensar” o “educar para pensar” recoge, a través de nuestra
propuesta, una visión crítica de la educación, en particular de la pedagogía
tradicional que entiende el proceso educativo como un proceso de mera
información que realiza el profesor y de un proceso de memorización y
acumulación bancaria de conocimientos de parte del educando.
Formar la actitud filosófica en profesores y estudiantes significa colocar
como objeto de reflexión e investigación los supuestos con que trabajan las
disciplinas y los participantes en el proceso educativo de cada nivel,
estableciendo un puente entre el saber cotidiano de estudiantes y profesores
con el saber de las disciplinas para que el proceso educativo sea más vital y
responda al contexto. En otras palabras es hacer del conocimiento y del
proceso de enseñanza y aprendizaje un proceso de investigación constante en
permanente cambio y actualización. Es crear una comunidad de indagación.
¿Cómo se logra? Es necesario que tanto educadores como educandos adquieran
la actitud filosófica. La “actitud filosófica” es una postura frente al mundo,
el saber, la sociedad y ante uno mismo.
Es la actitud de quien busca pensar por sí mismo, ser crítico frente a los supuestos
fundamentales de las disciplinas del saber y la sociedad. Cuando proponemos formar la actitud
filosófica en docentes y educandos, buscamos que cada curso, sin importar la
disciplina de que se trate, sea un espacio de reflexión e investigación. Que
cada curso se constituya en una comunidad de indagación donde profesores y
estudiantes investigan lo que quieren saber o desean enseñar; se planteen los
problemas que quieren resolver en el contexto en que viven. Formar la actitud
filosófica es formar el gusto por el saber, la investigación y el asombro.
Cada programa de curso o currículo debe ser inicialmente sólo una
propuesta del profesor o de las directivas del colegio, propuesta que debe ser
discutida con los educandos para permitir incluir en ella lo que estos últimos
desean aprender y no sólo lo que los profesores desean enseñar o deben
enseñar. La pauta que pone límites son los logros y en menor grado los
estándares educativos, estándares que no deben ser camisa de fuerza.
Todo profesor cuando recibe un nuevo grupo de alumnos está obligado a
realizar un diagnóstico de dicho grupo para determinar su cultura, sus
anhelos, inquietudes, gustos, aspiraciones, en una palabra: su visión del
mundo. A partir de aquí debe determinar que problema o grupo de problemas
trabajar con sus colegas de otras disciplinas en el grado respectivo, de tal
forma que cada profesor desde su disciplina o materia que enseña ayude a su
solución y enseñe su disciplina con un sentido. Este conocimiento del grupo
debe ser conservado y divulgado para que otros profesores lo utilicen
posteriormente en el proceso educativo. La realidad se nos presenta
interrelacionada y por tanto su conocimiento debe estar integrado,
relacionado.
El grupo de investigación en Educación y Filosofía hasta el momento ha
identificado cuatro categorías o aspectos a tener en cuenta para formar una
actitud filosófica, así: la participación en el aula, el trabajo en grupo, la actitud
de escucha y el pensamiento reflexivo.
Se tiene actitud filosófica cuando se está capacitado para trabajar en
grupo porque acepta que es en una comunidad de indagación donde se construye
el conocimiento en un diálogo abierto y participativo entre el profesor y los
educandos, donde hay una capacidad de escucha y se argumenta con razones
porque se tiene un pensamiento reflexivo. Alguien con actitud filosófica es tolerante, autocorrectivo, construye con
los otros el conocimiento, no se considera el poseedor de la verdad, es
solidario y comparte con sus compañeros y el profesor sus ideas.
Coincidimos con el Programa de Filosofía para Niños en que es posible
enseñar a pensar en cualquier disciplina. Lipman escribe al respecto:
“proponer que los estudiantes hagan filosofía es un ejemplo de cómo puede
estimularse el pensamiento de orden superior en el aula, utilizando la
comunidad de investigación. Pero aunque la filosofía sea una propuesta
paradigmática, no es necesario utilizar la filosofía para promoverlo. En cada
disciplina, la perspectiva de la comunidad de investigación puede ser usada
con tal de provocar discusión y reflexión sobre la materia de cualquier área
de conocimiento. Añado además que una metodología de pensamiento crítico puede
ser utilizada como pauta para someter a debate cualquier contenido
disciplinar”[7].
La filosofía tiene un papel muy importante en el proceso educativo si la entendemos
como la disciplina que fomenta el pensar autónomo y además que dependiendo de
la teoría del conocimiento con la que se identifique el profesor de cualquier
disciplina, éste enseñará o no a pensar a sus educandos. ¿Cuál sería la más
adecuada? Por lo pronto nos identificamos con la teoría del conocimiento de
Husserl debido al valor que le da al conocimiento cotidiano, al que tenemos
por el simple hecho de existir. Hay una correlación sujeto-objeto. Recupera el
concepto de fenómeno de la antigüedad griega y lo incorpora a la propuesta
kantiana. Teniendo en cuenta que el
Programa de Filosofía para Niños de Matthew Lipman busca formar educandos
libres y solidarios en sociedades democráticas que sean aptos para pensar por
sí mismos, su puesta en práctica nos proporciona el ambiente propicio para
formar la actitud filosófica.
En el Programa de Filosofía para Niños, de Matthew Lipman hemos encontrado
elementos que nos ayudan de manera práctica a consolidar la actitud filosófica
en el aula, para la organización del pensamiento y particularmente a la
constitución de comunidades de indagación en las que sea posible consolidar
espíritus autónomos, críticos, reflexivos, dueños de sí mismos, en ámbitos
democráticos, participativos y razonables.
El filósofo John Dewey, en su libro Cómo pensamos, (How We Think), plantea
que no es suficiente enseñar las reglas de la lógica para lograr un buen
pensar, sino que es necesario formar o tener una serie de actitudes,
destacando las siguientes: mentalidad abierta, entusiasmo y responsabilidad. Tener
toda esta serie de actitudes es para Dewey tener una actitud científica pero
que más propiamente se podría llamar actitud filosófica.
¿Cómo se liga todo lo anterior con el programa de Filosofía para Niños? Matthew
Lipman menciona una serie de actitudes que debe tener quien quiere pertenecer
y hacer una comunidad de indagación, así: capacidad de escucha, respeto a la
opinión del otro, asumir las consecuencias de sus posiciones teóricas, no ser
dogmático, etc. Todas estas actitudes se pueden sintetizar en una sola: una actitud
filosófica.
6. El Programa de Formación Permanente para Docentes “Educar para Pensar”
Con el objeto de formar a los docentes de los niveles de Preescolar,
Primaria, Secundaria y Educación Media, el grupo de Investigación en Educación
y Filosofía propuso el Programa de Formación Permanente de Docentes “Educar
para Pensar”, programa que el Instituto de Educación y Pedagogía de
La capacitación del profesorado es necesaria porque se necesita no sólo
que conozca la metodología empleada por Matthew Lipman y como entendemos la
actitud filosófica, sino que es necesario que el docente asuma la actitud
filosófica que es una actitud frente al mundo, al conocimiento y a la vida.
El Programa lo conforman tres partes, así: 1. Un Seminario-taller que
consta de 12 sesiones de cuatro horas cada una, ofrecido al comienzo o al
final del año lectivo, en la sede de
El objetivo general del Programa es el siguiente:
Introducir a los participantes en el proceso de enseñar y aprender a
pensar en las distintas disciplinas de
Los objetivos específicos del Programa son:
Conocer las reflexiones que diversos filósofos han hecho, a través de la
historia, sobre el concepto de Actitud Filosófica y seguir aportando en su
construcción.
Capacitar a los docentes de
Tomar conciencia de que es posible enseñar a pensar a los educandos, en
cualquier disciplina y en el contexto de una ética ciudadana.